martes, 26 de abril de 2011

México en el bicentenario I

Leva de hambre, leva del miedo.

Cuando reviso “La sociedad sitiada” de Zygmunt Bauman me encuentro con un concepto interesante: “El Estado canalla”, que no desglosa del todo más sin embargo menciona al terrorismo como origen de estas formaciones singulares o enclaves en la era donde el globalismo parecía tener un imparable avance.

Y construyendo las ideas que responden a las preguntas, ¿Cuál es el Estado mexicano contemporáneo? ¿Cómo se integra?, ¿México es un Estado fallido?, ¿Qué es el Estado mexicano? ¿Y hacia dónde vamos? Y agrego una pregunta ¿México es un Estado canalla?
El Narcotráfico ha sido elevado a nivel de terrorismo (según Janet Napolitano), y suenan constantemente las amenazas que llevan a pensar que Estados Unidos intervendrá en este país como lo hizo en Irak o Afganistan.

Conceptos nuevos, como el narcoterrorismo o los narcogobiernos circulan constantemente en medios impresos como periódicos y revistas además de medios electrónicos.

También Bauman cita a Max Weber para referirse al concepto de Estado moderno, como aquella institución que se arrogaba el monopolio de la coerción lícita (“legítima”, no sujeta a apelación o compensación de ningún tipo), incomprensible hoy en día cuando otros Estados se atribuyen la capacidad de sancionar esta coerción lícita, manipular a otros Estados, deponer sus gobiernos y decidir sobre su soberanía, como lo ha hecho Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Alemania y Francia sobre Afganistán, Irak, o Libia y Egipto en las últimas intervenciones de la década pasada y principios de esta.

Hoy mismo suena absurdo llamar Estado a México cuando no tiene monopolio sobre su capacidad de coerción lícita, ni soberanía económica y ha dejado toda esta capacidad a los gobiernos extranjeros y a las organizaciones sociales económicas y políticas que bordean la legalidad de este Estado.

Pero en cambio el derecho a existir de este Estado Mexicano, se lo ha dado la historia, y la capacidad diplomática que ha tenido en el contexto internacional balanceando sus posiciones siempre entre las potencias europeas y norteamericanas aunque llegó un punto en el que toda la balanza se inclinó hacia nuestro vecino del norte, llevando consigo la poca capacidad de movilidad comercial y política.

Lo que nos mantiene en esta posición de incertidumbre sobre los procesos políticos y económicos del orbe; es nuestra reciente incorporación a la formación de organizaciones sociales y al conocimiento de la política, es decir: el poco arraigo que tenemos en cuanto a la capacidad de organización, a diferencia de las naciones que avanzan o tienen un mejor desempeño en lo global.

Tenemos pocos años de comenzar a construir legitimidades dentro de las organizaciones, no conocemos conceptos como la negociación y usamos la democracia como fin último, cuando en realidad esta se encuentra al final de todo un proceso de selección, acuerdos, debates y consensos.

O sea, México se encuentra en un proceso de formación y consolidación frente a los procesos del globalismo, es una incesante formación de aprendizaje de lo que está sucediendo alrededor, de los constantes acomodos de disputas políticas generacionales, en el que muchos de nuestros políticos se han dado por vencidos ante estos abruptos cambios, dejando en manos de generaciones más jovenes y numerosas que las de ellos depositada la esperanza de la transformación y cambios que proyectarán a nuestro país a una nueva era.

Hay palabras y frases clave que identifican a México: ambición, valores fundamentales, deseos de ganar, pero no entrelazamos aún esa gran capacidad de trabajo y voluntades; conmueven hacia crear la edad más avanzada de nuestra identidad de civilización, esta misma opacada por errores de gobiernos en turno que no saben leer los deseos del pueblo, y cuando a prenden a leerlo no saben interpretar y cuando lo interpretan no saben ejecutar o controlar.

Este proceso lento de aprendizaje está acarreando consigo la posibilidad de formaciones delincuenciales que pretenden “el éxito” rompiendo con el orden establecido y tomando los costos de la vida que lleven de por sí este camino, tirando por medio de las balas la legitimidad del consenso.

Pero, ¿Cuál es el camino a la felicidad de los mexicanos?, ¿qué sistema político-ideológico es el culpable de la desmesurada ambición que se crea sólo en el consumismo? : -Porque el fin último de los criminales no es la delincuencia como tal-, el orden y la legitimidad se rompen para alcanzar el beneficio y la felicidad, los criminales no son enfermos mentales sueltos por las calles, de no ser así entonces deberían estar todos recluidos en lugares donde no se les permitiera nunca el acceso al resto de la sociedad mexicana.

Los criminales tan no son unos enfermos que se piensa siempre en su reintegración a la sociedad, pero esta readaptación debe pasar por un proceso, conocer ¿cuál es el ideal de la sociedad mexicana?

Lo que posiblemente nos esté llevando a convertirnos en un Estado canalla es alejar a nuestra juventud de la articulación de grupos sociales para absorber el impacto de formaciones criminales que terminen con nuestra seguridad; pero antes de dar el paso a estas formaciones debemos resolver el problema de las patologías sociales.

Necesitamos una nueva formación del ideal o ideología básica, más no estándar, de lo que se entiende como el mínimo indispensable de civilidad para convivir en esta sociedad mexicana, un compendio básico de regulaciones legales y obligaciones que nos hagan entender el qué y porque somos mexicanos, el qué y cuál es el motivo de respetarlos, y en que beneficiará y construirá una mejor sociedad, pero también cuales serán los plazos de llevarse a cabo; para lo cual será necesario un incesante trabajo de consenso aunado a estudios filosóficos y sociológicos.

Y todo esto dentro de un marco de secularidad (y si se desea complementado por la religión) que garantizará la trascendencia y permanencia de este contrato social; como ejemplo, muchos de nosotros aprendimos de la religión el “no matarás como ley fundamental”, pero cuando se le pierde el temor o la fe en Dios no se alcanza a entender cuál sería la situación del estado contractual; lo que en un estado de secularidad podría ser explicado con el completo uso de la razón, que esta ley garantiza el estado de civilidad en las sociedades, que el individuo no tiene el poder de arrebatar la vida de sus semejantes por el motivo de que, se ejercerá el uso de la fuerza necesaria para detener la acción de este por parte de las autoridades y que se puede poner en contraposición o excepcionalidad esta regla fundamental en defensa de su propia vida y bajo circunstancias no alevosas, aunado al valor preciado que tiene la vida del ser humano el deber de protegerla. La cohabitación descrita por Bauman, pacífica y armoniosa.

De igual forma con la salud y las drogas no prescritas, las consecuencias de consumirlas o pagar por obtenerlas, que costos se corren al dinamitar el Estado mexicano alimentando a sus detractores y además dándoles dinero para hacerse de armamento extranjero en lugar de movilizar y estimular el mercado interno.

Pero a muchos no les importa despedazar el Estado mexicano porque no sabemos qué es; ha pasado de la invisibilidad de su creación metafísica al completo desdeño, o al aborrecimiento, también desde luego al culto del individualismo olvidando que es delegar, consular, incluso ni siquiera se sabe que es la dictadura, porque hasta para ser dictador se necesita conocer el concierto de la república y usar el cincinato.

México no es un país extranjerofóbico per se, pero debemos aprender cuales son las consecuencias de una indiscriminada intención de puertas abiertas, todo debe tener márgenes de regulación, siempre es necesaria ya que si se alcanza un estado de concertación, no todos los ajenos a este estarán de acuerdo, pero al pisar este territorio tendrán que respetar la norma y nueva institucionalidad interna.

Translate

  © Blogger template 'Minimalist F' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP