miércoles, 16 de diciembre de 2009

A la opinión pública

Comunicadores

Amigos, Familiares y Colegas



Es un hecho: en Morelia, una ciudad por demás bella y cuyo olor por las mañanas a cantera húmeda y fresca es una experiencia seductora, la gente - su gente - nosotr@s, estamos al parecer acostumbrados ya... a un escenario inmerecido y sobre todo inaceptable.

La explosión de granadas, balaceras y enfrentamientos entre sicarios y cuerpos policíacos son parte de los atractivos turísticos, culturales y sociales de UNA GRAN CIUDAD, PARA UN GRAN PAÍS.


Hoy es más estridente el silencio imperante que los pronunciamientos de indignación y condena total a los atentados a una paz social. No hay llamados a la paz, la integración y organización social.

Los y las académic@s, polític@s, empresari@s, activistas, funcionari@s, comunicadores, artistas y tod@s aquellos que desde la lógica natural de sus posiciones político-sociales-administrativas-culturales y académicas tendrían la oportunidad y compromiso natural de levantar la voz, emiten un silencio fuerte y casi generalizado.

Las razones podrían ser muchas, validas y comprensibles: la propia seguridad, la no competencia a sus funciones, las agendas de sus instituciones, proyectos y carreras personales.

No hay instancias, universidades y servidores públicos o empresas que levanten la voz. No las hay.

En cambio, caos, helicópteros sobrevolando la ciudad, convoyes de agentes federales persiguiendo y, a su vez, en sentido contrario, convoyes de sicarios huyendo son hoy, junto con la bellaza arquitectónica de nuestra erguida Catedral, imponente Acueducto, precioso Jardín de Villalongín o Jardín de las Rosas, así como las siempre seductoras y cordiales Tarascas escenario turístico.

No sé ustedes, pero yo me niego el derecho a quedarme en silencio. A ver como Morelia, ciudad donde hasta hace año y medio podíamos caminar a cualquier hora y casi por cualquier punto se ha convertido en campo de batalla.

No tengo duda que mil variables y razones explican la actual situación, lo sé. Lo que me indigna es el silencio absoluto de quienes diseñan, influyen, modifican, impactan y generan políticas públicas, programas de gobierno; generan empleos, forman, educan o atienden personas.



No confundamos entre prudencia y cuidado al expresarnos con omisión total e indiferencia. Callarnos hoy nos podría

costar mucho mañana.

Rafael Escutia Garmendia
Proyectos Sociales, Universidad Latina de América, Morelia, Michoacán de Ocampo.

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